2020 | Luis, una persona de pocas historias.

Antes de iniciar nuestro viaje, creo que es pertinente que me presente, mi nombre es Luis, y soy un chico de treinta y tantos años de edad. Hace unos pocos años me di cuenta de que la vida se me estaba volviendo algo monótona, me quedaba escuchando con fascinación las historia de terceros mientras contaban sus aventuras, esa fascinación se acababa abruptamente y entraba un poco en pánico cuando me ponía a pensar que había hecho Yo recientemente, pues entre trabajo y obligaciones de la vida diaria me había olvidado de una de las cosas mas importantes de la vida: mi tiempo en este planeta es limitado.

Cuando te pones a pensar en lo que quieres en la vida, generalmente le llega a uno a la cabeza metas materiales, y alguna que otra meta emocional -principalmente si estas sin pareja- pero hasta donde yo se pocas personas piensan desear extender su vida. Las metas que nos trazamos podrían tomar semanas, meses y hasta años, y damos por sentado que tendremos ese tiempo para lograrlas. Quizas eso fue lo que me paso cuando invertí gran parte de mis 20 en establecer mi empresa e intentar alcanzar metas comerciales que irónicamente se suscitaron cuando deje de trabajar como una hormiga obrera y empece a sacar momentitos para mi persona y mis relaciones, familiares, de amistad, y de pareja. Cómo me desarrollo en el area de sistemas de computación, me caracteriza un fuerte sentido lógico, y le busco la lógica y la cuestión a todas las cosas, fue así como llegue a la conclusion de que al no tener un mecanismo para alargar mi vida, debería invertir mas el tiempo que me quede en ella para vivirla, y de alguna manera hacer de mi existencia algo digno de compartir.

Irónicamente el balde de agua fría que me hizo finalmente despertar vino un 1ero de Enero del 2019, mientras disfrutaba de una bella playa con unos amigos, decidimos tomar un paseo en lo que en mi país conocemos como "guineo" o "banana". No es mas que un inflable tirado de una embarcación a motor en el cual pueden sentar 5-6 personas y parte de la diversion es que la lancha eche al agua mediante algún cambio de dirección brusco o al hacer olas a los tripulantes del mismo. En ese momento me encontraba en sobrepeso -mido unos 6'1"- con 270 libras, y muy fuera de forma, y me preocupaba mucho que si me tiraban del guineo no iba a tener forma humana de volverme a subir en el, pues hay que hacer ciertos malabares para subirte cuando no alcanzas fondo en la playa. Otras dos cosas me preocuparon sobremanera: que el chaleco salvavidas evidentemente no era para una persona de mi contextura y que el joven capitán de la embarcación, que no contaba con ayudante, apenas pesaba unas 150 lb, por lo que era evidente que no iba a poder asistirme en caso de que en verdad lo necesitara. Tengo que confesar que mas por vergüenza al grupo que por verdaderos ánimos decidí continuar adelante contrariando todos los instintos de supervivencia que me alertaban de la peligrosa situación en la que me estaba involucrando. Tal cual, a los pocos minutos de iniciar el paseo, el barco nos echa al agua y empieza mi odisea, odisea que cambio mi vida para bien. Lo primero es que tan pronto toque el agua, el chaleco que cuenta con 3 seguros, rompió 2, quedándome solamente uno tuve que maniobrar para sujetar el chaleco con una mano, mientras con la otra intentaba mantenerme a flote. Pasado ese primer instante logre calmarme y tomar conciencia de la situación en la que me encontraba, ubique la lancha que estaba a unos pocos metros y nade hacia la misma, pude alcanzar uno de sus extremos y ahí me sostuve durante unos minutos mientras veía como mis amigos subían al inflable con una que otra dificultad. Tuve que esperar a ser el ultimo en subir, pues era el mas pesado y podía voltear el aparato si intentaba subir antes de que estuviera bien equilibrado, cuando llego mi turno, francamente entre en pánico: no podía encontrar una manera de subirme ni al guineo ni a la lancha. Después de unos 45 segundos de mucho pánico donde tuve varios flash-back de mi vida y pude analizar todas las malas decisiones que me habían puesto en ese momento, el delgado capitán de la lancha tomo fuerzas de lo mas profundo de su ser y logro, mediante un buen tirón, ponerme en una posición desde la que pude finalmente subirme al inflable. Recuerdo muy claro que mis primeras palabras ya bien sentado fueron:
-Llévame a la orilla
Estaba muy claro que con el esfuerzo ya realizado, volver a caer en el agua para mi seria -jaque mate- así que fui enfático y directo con el capitán, que insistía en que ya no me iba a tirar nuevamente y que continuara el paseo con "confianza". Tan pronto llegue a la orilla, me propuse lo siguiente: debía en unos 8 meses, perder por lo menos 60 lb, ya mas adelante les dire como me fue con esa jornada y el descubrimiento personal que me toco recorrer para intentar alcanzar esa meta.

Playa Alicia - Puerto Plata - 2019-01-01


Interesante...ahora que empiezo a escribirles, quizás si que tenga una que otra historia que contarles. Y que tal tu? Tienes alguna historia parecida con esos inflables o algún otro que quieras compartir en los comentarios, me gustaría saber que no he sido yo el único al que le ha pasado :) .-

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